Nació en 1818, en Concordia, pueblo al pie de la Sierra Madre Occidental, en el trayecto de Mazatlán a Durango. Hijo de un comerciante español, emigrado a la Nueva España a finales del siglo XVIII, y de una mexicana. León casó con Ignacia Palomera –hija, a su vez, de la cubana Carmen Palomera de Valiente–, epistolarmente importante, no sólo por ser la esposa, sino porque la correspondencia guarda las cartas personales entre la pareja y también las respectivas cartas personales de cada uno de ellos con sus amigos y parientes. León viajó a Europa siendo joven, luego regresó a México alrededor de 1845 y se dedicó al comercio, avecindándose en Monterrey a partir de 1862 y hasta poco antes de su muerte, acaecida en Madrid, en 1882. Ignacia, su mujer, había muerto en Monterrey pocos años antes, en 1874. León Ortigosa se dedicó al comercio y a la especulación con oro y plata, logró acumular un muy respetable capital en bancos ingleses y norteamericanos.

La correspondencia Ortigosa es de suma importancia para la vida privada porque León –su esposa también– mantuvo toda su vida intercambio de misivas con la familia de su sangre que se quedó en España, al mismo tiempo que llevaba una intensa vida familiar con sus parientes mexicanos, así, puede encontrarse para unos mismos años versiones de la privacía y de la fotografía en el noreste de México y en Madrid, Logroño, Hamburgo, la Habana o París, lugares donde habitaban algunos de sus parientes.

El matrimonio Ortigosa–Palomera no tuvo hijos, no dejó descendientes, el albacea de su herencia fue Valentín Rivero quien, con parte de la fortuna Ortigosa construyó un hospicio que aún funciona y que lleva el nombre de León Ortigosa, y el resto lo repartió entre los parientes del matrimonio y algunas organizaciones religiosas. Nacha (sic) Palomera, la esposa de Ortigosa, es un caso parecido al de su marido en cuanto a la distribución de sus parientes y a la recepción epistolar: tenía un hermano en Nueva York, Porfirio Palomera, una hermana en Guadalajara, María Antonia de Zumelzú, y más familiares y amigas en Durango, Chihuahua, Guadalajara y La Habana, así que su correspondencia también registra la vida de varias regiones. El número de las personas que mantuvo relaciones epistolares con el matrimonio Ortigosa fue enorme.


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