Ganadero y militar, nació en 1823 en San Juan Bautista de la Pesquería Grande –hoy Villa de García, en Nuevo León–, lugar donde tuvo siempre su residencia principal. Allí se casó tres veces, allí enterró a sus esposas, padres e hijos muertos. Además de ganadero y militar, fue comerciante al mayoreo y al menudeo por cerca de cuarenta años. En su tienda, en Villa de García, se vendía prácticamente de todo y fue administrada por sus consecutivas esposas y por sus hijas.

También, en los periodos de paz, y cuando ya se retiró de la vida militar, mantuvo diversos ranchos ganaderos y productores de maíz, frijol y caña de azúcar. Como hombre de ganados movilizó animales por todo el noreste, para ir a venderlos en centros mineros como Catorce, Mapimí o Fresnillo, o para colocarlos en la frontera o en los centros urbanos mayores. Sus contactos militares fueron amplios; llegó a coronel y estuvo activo en la milicia desde la década de los cuarenta hasta la década de los setenta.

Entre las cartas que posee su acervo puede rehacerse gran parte de su vida, también recabar las opiniones y sentires de multitud de sus familiares y amigos, algunos de ellos son: Antonio Fernández Arizpe, su padre; el cura Eleuterio Fernández García, cuñado; el cura saltillense Martín Arizpe, su tío; Manuel y Gertrudis, tíos paternos, con el primero se asoció comercialmente cuando joven; José Ángel, Perfectita, Eulogio y José Ingo, tíos también; Paula y José de los Ángeles Guerra, hermana y cuñado; Dolores, hermana; Juanita Fernández, su primera esposa; Juan, Antonio, Guadalupe y Carmen, hijos del primer matrimonio; Loreto Fernández, la tía Loretito, hermana de su padre; Juanita Fernández de Fernández, madre de su primera esposa, residente en Marín; Ascensión Fernández, segunda esposa; Antoñita (sic) Martínez, tercera esposa; Luz, nativa de Guerrero, Tamaulipas., y esposa de Juan, el hijo mayor, graduado de médico y veterinario; Chole, Chucho, Juanito y Rafaelito, nietos del coronel; Buentello, Casio, Bonifacio y Castillo, sirvientes o “propios” que trabajaron permanentemente con la familia; y muchos otros amigos temporales, colegas militares y personajes del gobierno.

En el caso particular de la Correspondencia Fernández, si aparece el pensamiento del coronel, de su propia letra, ya que la mayoría de sus cartas, sobre todo las dirigidas a sus esposas y a su familia de sangre, se encuentran dentro del acervo.


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